“Es un monstruo”, dijo Dennis Schroder sobre el enésimo recital de Russell Westbrook. El base de los Wizards fue decisivo en el triunfo de su equipo sobre los Lakers por 116-107. Esa máquina que es de hacer triples-dobles sumó uno más: 18 puntos, 18 rebotes y 14 asistencias. Suma 176 en su carrera y está a sólo cinco del récord que Oscar Robertson, que hace un tiempo parecía inalcanzable.

Pero los triples-dobles han pasado de ser un hito extraordinario a algo cotidiano. Para Westbrook es como lavarse los dientes. Esta temporada lleva ya 30. Es la tercera en la que llega a esa cifra cuando en la historia de la NBA nadie lo había hecho más de una vez. Acumula 20 en los últimos 24 partidos y en lo que llevamos de abril ha llegado 13, más que nadie en un solo mes. Promedia 21,8 puntos, 11,0 rebotes y 11,0 asistencias. Marcha rumbo a su cuarta temporada en cinco años con un triple-doble de media.

El ritmo es mucho mayor, también el volumen de tiros, siendo mucho más elevado el de triples y cada vez hay menos presencia de interiores puros, con lo que los pequeños suelen estar en la lucha por los rebotes. El baloncesto ha cambiado una barbaridad desde los tiempos de Robertson. Ahora los triples-dobles salen como churros en una perversión de una estadística que antaño fue muy valorada por su escasez. Esta temporada se han registrado ya 124, a sólo tres del récord establecido en la 18-19. Hace 10 años, se contabilizaron sólo 18. “Es muy interesante que no sea útil ahora que lo estoy haciendo yo”, comenta Westbrook, siempre discutido.

A Westbrook le quedan 10 partidos de temporada regular para asaltar el récord de Robertson. Pocos apuestan a que no lo conseguirá. Tarde o temprano, su nombre aparecerá en el primer lugar en los libros de historia y en la frialdad de los números dará igual si el baloncesto ha sufrido una mutación.